5 consejos para elaborar las normas de convivencia en casa y en clase

Posted by in Sin categoría on 12 febrero, 2018 0 comments

¿CÓMO ELABORAR LAS NORMAS DE CLASE O CASA?

  1. De cumplimiento u obligación, no de prohibición.

Es vital que elaboremos las normas en positivo. Cuando enumeramos un listado de prohibiciones. “No se grita”, “no se pega”, “no se corre por el pasillo”, “no se dejan los juguetes en el suelo”, “no se juega con la comida”… el cerebro del niño fija su atención en el verbo que da contenido a la frase. Es como si en realidad escuchara “grita”, “pega”, “corre”… Ya que la negación obliga a un ejercicio cognitivo más complejo de lo que parece a priori. Con los adultos también ocurre algo parecido. Si te digo que no pienses en un pez rosa, automáticamente aparecerá un pez rosa en tu cabeza. Por tanto, elaborar las normas en positivo es clave para ayudar a fijar conductas deseables en ellos y ellas. De tal modo que deberíamos cambiar el listado de prohibiciones anterior por algo como “Se habla tranquilo”, “nos tratamos con respeto”, “caminamos por el pasillo”, “cuidamos y ordenamos los juguetes”…

Niña que no cumple las normas.

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  1. Cortas y concretas

Es muy importante que no sean demasiadas y que las vayamos aumentando de forma progresiva. No se aconseja más de una norma por año de vida. De tal modo, un niño o niña de cinco años no debería tener más de cinco normas claras, cortas y concretas. Se aconseja que sea el propio niño o niña quien ayude a formularla y que demos tiempo a cada una de ellas para reflexionar qué hay detrás de cada una. Por ejemplo “nos tratamos con respeto” o “nos tratamos con cariño” o “nos queremos y nos cuidamos”… Y que con frecuencia semanal (nunca inmediatamente después o vinculado a un conflicto reciente) provoquemos una reflexión sobre el contenido y la conducta o conductas esperadas que hay detrás de “nos tratamos con cariño”.

Normas de convivencia

  1. Elaboradas y generadas en familia o en el grupo

Distinguiendo entre normas de convivencia y responsabilidades. Es decir, como parte de un grupo debemos llegar a acuerdos para establecer unas reglas faciliten la mejor convivencia. Así como distribuir responsabilidades que debemos asumir cada uno de nosotros. Este momento de elaboración es crucial y quizá el más difícil de hacer. Porque antes del momento de construir las normas del grupo, debemos construir el grupo mismo, es decir, el tejido social, la cohesión y los lazos de afecto en el grupo. O quizá, debamos previamente corregir los roles tóxicos o malos hábitos en el grupo. En el caso de un aula o una familia no cambia mucho. En ambos casos adultos y niños asumimos distintos roles, y por tanto tenemos distintas responsabilidades y obligaciones. Pero debe haber normas como “nos tratamos con respeto” que ni adultos ni niños pueden trasgredir. En ese ejercicio de elaboración fijamos nuestras responsabilidades y construimos normas, procurando que sean accesibles y proporcionadas. Para el afecto, la cohesión u otras capacidades de la Inteligencia Emocional puedes consultar nuestros libros y juguetes de esta categoría.

Las normas y los límites son necesarios

  1. Con consecuencias pero sin sanciones o castigos

En nuestro artículo “¿Consecuencias o castigos?” profundizamos sobre este tema. Por lo general, y salvo excepciones, lo aconsejable es que las acciones tengan consecuencias proporcionadas y directamente relacionadas. Por ejemplo, si no recoges y ordenas tus juguetes, interpreto que no te importan y los retiraré o guardaré (Los puedo guardar para mí o dejarlos un día o unos días en el trastero). Si te levantas más tarde no tendremos tiempo de… (tomar tu desayuno favorito y desayunaremos algo más rápido , no podrás ver un poco los “dibus”, o de elegir tu propia ropa…). Se trata de una consecuencia porque no es arbitraria, sino inevitable. Porque puedes elegir levantarte antes para disfrutar de un desayuno tranquilo o elegir dormir unos minutos más o tomar algo más rápido y no ver los dibujos. Lo más importante es que esa consecuencia sea lógica y conocida por todos previamente.

Responsabilidades y límites

Cada uno tenemos nuestra responsabilidad

  1. Aprobadas por todos y todas en consenso y en un acto ceremonial.

Cuando el grupo está cohesionado, nos sentimos iguales aunque con distintos roles y responsabilidades. Es decir, los adultos tienen distintos derechos y obligaciones (hacer la comida, llevar al cole a los niños/as, trabajar… pero también tienen privilegios o derechos como que se puedan acostar más tarde o comer y beber cosas distintas). Aunque, por otro lado, todos nos sometemos a las mismas normas de convivencia básica como “nos respetamos”. Lo que supone que los gritos (considerado como una falta de respeto hacia el otro) tampoco debe, bajo ningún concepto, transgredirse ni por niños, ni por adultos. Esto es muy importante que lo tengamos en cuenta. Porque los niños no aprenden lo que decimos, sino lo que hacemos y porque, si no tenemos unas normas de convivencia básicas, que afectan a todos, estamos sometidos a la tiranía de la autoridad.

Si en algún momento pensamos que la norma o la consecuencia es exagerada, incorrecta o abusiva, convocamos una reunión general discutimos y cambiamos la norma. Pero bajo ningún concepto nos la saltamos. Nuestros hijos e hijas deben aprender que no hay nada ni nadie, o no debe haberlo, por encima de la norma. De modo que si no nos gustan las normas negociamos para cambiarlas, pero nunca las trasgredimos. Esto es educarle en que la ostentación del poder está en el grupo que es quien elabora la norma. Lo contrario es educarle en que el poder está en la autoridad que ejecuta la norma.